La llegada de los procesadores Ryzen marcó un importante punto de inflexión, aunque tuvo que superar un escenario complicado, gestado tras varios años de dominio total de Intel, y presente tanto a nivel de optimización de juegos como del propio soporte de Windows 10.

Cuando tuve la oportunidad de analizar los procesadores Ryzen de primera generación tuve claro que AMD había dado forma, por fin, a algo grande, y que tenían un amplio margen de mejora que podían seguir de manera sencilla para volver a competir de tú a tú con Intel.

Fui fiel a mis creencias y salté del Core i5 4690K instalado en el PC que monté hace unos años a un Ryzen 7 1800X. No me arrepiento, la mejora de rendimiento en términos de IPC no ha sido grande, pero tengo un equipo que está totalmente preparado para afrontar sin problemas el salto que marcarán Xbox Scarlett y PS5, ya que mi CPU tiene 8 núcleos y 16 hilos y funciona sin problemas a 4 GHz. Esa alta frecuencia de trabajo me permite paliar la diferencia en términos de IPC que presenta frente a los chips que utilizarán ambas consolas, ya que en teoría funcionarán a 1,8 GHz en modo base y 3,3 GHz en modo turbo.

Ryzen en Windows 10: una historia problemática

No hay duda de que Windows 10 es un sistema operativo de última generación. Su lanzamiento se produjo en 2015, es cierto, pero como sabemos Microsoft lo ha planteado bajo el modelo de software como servicio, lo que ha derivado en el lanzamiento de actualizaciones de gran calado que lo han mantenido totalmente al día.

Sin embargo, dicho sistema operativo tenía una importante cuenta pendiente, implementar las mejoras necesarias para hacer un aprovechamiento verdaderamente óptimo de Ryzen. Como recordará alguno de nuestros lectores los problemas entre Ryzen y Windows 10 empezaron desde que se produjo el lanzamiento de dichos procesadores, ya que este sistema operativo daba algunos problemas con la gestión de la tecnología SMT, al ser incapaz de distinguir de forma apropiada la asignación de las tareas más complejas como procesos y las menos complejas como subprocesos.

Los avances que se han producido con el paso del tiempo a nivel de soporte y también los nuevos desarrollos de juegos han ido demostrando el potencial real que tiene Ryzen, algo que terminaremos de descubrir cuando se produzca el lanzamiento de juegos preparados para aprovechar de verdad los procesadores de ocho núcleos.

No falta mucho, ya que las consolas de nueva generación llegarán el próximo año, pero mientras esperamos podemos ir abriendo boca con las mejoras a nivel de rendimiento que trae la actualización Windows 10 May 2019 Update, una importante puesta a punto que consigue aumentar el rendimiento de los procesadores Ryzen hasta en un 15%.

Sé lo que estáis pensando, ¿cómo es posible que se haya producido un cambio tan grande? La respuesta es simple, ya os he adelantado que Windows 10 nunca ha terminado de llevarse del todo bien con la arquitectura MCM (módulo multi-chip) que utilizan los procesadores Ryzen. El programador de tareas de dicho sistema operativo no estaba preparado para asignar de forma eficiente la carga de trabajo a las diferentes unidades CCX que se integran en estas CPUs, lo que generaba una distribución poco óptima de procesos y subprocesos entre ellas que acababa afectando negativamente al rendimiento del procesador.

Con Windows 10 May Update esto es, por fin, cosa del pasado. El programador de tareas ahora prioriza la asignación de procesos y subprocesos a una misma unidad CCX, y solo recurre a la segunda unidad CCX cuando resulta imprescindible, respetando siempre ese orden para evitar que se fuercen comunicaciones forzadas que acaben aumentando la latencia y reduciendo el rendimiento. Pero esto no es todo, también se ha conseguido una gestión más eficiente del modo turbo, reduciendo la latencia que se produce en su activación-desactivación al pasar de 30 ms a 1-2 ms.

El camino ha sido largo, pero ha dado sus frutos

Cuando llegó Ryzen surgieron muchas dudas. Es normal, AMD venía de aquél fiasco llamado Bulldozer y había apostado por un procesador con arquitectura modular, un diseño que siempre había sido denostada por las carencias que presenta a nivel de latencias y de gestión de los bloques de núcleos.

Su primera etapa fue complicada. Los problemas que daban algunos kits de memoria confirmaban que el lanzamiento se produjo de forma prematura y que debían de haber esperado un poco más para terminar de pulir las BIOS a nivel de microcódigo, pero los primeros resultados a nivel de rendimiento y los precios confirmaron que estábamos ante una generación prometedora.

Como hemos ido las actualizaciones de BIOS, los parches que han recibido los principales sistemas operativos y el creciente apoyo de los desarrolladores ha permitido a Ryzen mostrar poco a poco su mejor cara, y Windows 10 May 2019 Update ha sido la guinda al pastel. Por su parte, Intel con los múltiples parches para los continuos problemas de seguridad de sus microprocesadores, han visto su rendimintodisminuidos en unos pequeño porcientos, y promete ir corrigiéndolos a nivel de hardware en cada nuevo lanzamiento.

Todavía no tenemos una idea clara de la mejora media que podemos esperar, pero incluso en el peor de los casos será suficiente para que los procesadores Ryzen amplíen su vida útil, incrementen su valor y confirmen que fueron, y son, la mejor opción para cualquier usuario a nivel general.

Antes de terminar os recuerdo que Windows 10 May 2019 Update llegó hace poco y que antes de lanzaros a actualizar es recomendable esperar a que os aparezca como disponible a través de Windows Update. No es buena idea forzar la actualización, ya que podría daros algún tipo de conflicto o error grave, y si no tenéis un punto de restauración al que volver las consecuencias podrían ser muy graves.


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